domingo, mayo 13, 2007

LAS GUARIDAS

Aviso: seguramente acabaréis tan hartos de esta mudanza como yo. Una nueva utilidad para el blog: ¡provocar estrés!

Hoy hemos seguido con la limpieza de nuestro futuro nuevo hogar... o lo que sea. Porque de momento cuesta creer que vaya a serlo. Vamos, vamos, Zirbêth (o Drunna, Éowyn, Amae, o quien balrogs seas hoy), que en peores plazas hemos toreado.

Esta mañana, me he dedicado casi todo el tiempo al que será mi futuro dormitorio-salón-taller de costura-sala de estudio-escondite. Puede que parezca desordenada, aunque ya me gustaría ver a mí a mucha gente organizarse y hacer tetris con mi pericia contando con tan poco espacio y tantísimas cosas que ubicar. Pero no es cierto, no soy desordenada. Lo que sí es cierto es que en ciertos momentos (abundantes momentos) tiendo al caos. Pero años de mudanzas y adaptaciones a casas o habitaciones me han hecho establecer ciertos rituales de orden (y de desorden) que suelo mantener en casi cualquier sitio al que voy a vivir. La ropa se guarda en cajones concretos, siguiendo una clasificación concreta que se mantiene mudanza tras mudanza. Con el amario, pasa lo mismo: la ropa queda clasificada según tipos y prioridad de uso. Y de los libros, mejor no os cuento. Llevan años clasificados igual.

Pero, más allá de estos detalles que, lo sé, os la traen al pairo, la cuestión es que voy a salir ganando con el cambio en cuanto a espacio, pero no en cuanto a estética. A mi dormitorio antiguo de palo de rosa, una preciosidad art decó en tonos oscuros, hay que sumarle los muebles que compré hace años al mudarnos a un piso moderno en que no cabían ni pegaban los muebles antiguos: una mesa, una estantería y un arcón color cerezo claro. Pero es que, además, me va a tocar acoplar varios de los muebles que ya había en la casa, a cada cual más feo y cada uno de su padre y de su madre: una estantería horrible, un mueble cama espantoso y un mueble como para la tele, traído del salón color vainilla, amén de una mesa de cristal dorada que, snif, me salta las lágrimas, jo. Un batiburrillo de los que harían estremecerse entre sollozos a los editores de La casa de Marie Claire, Elle Decó, Casa y estilo, etc. Pero será mi guarida, y eso ya es bastante.

Aunque para guaridas, de la que nos hemos desecho a medio día. Si alguien se preguntaba donde estaban todos los bichos de Indiana Jones y el Templo Maldito, yo tengo la respuesta: en las jardineras que había en el patio. A marranillas, tijeretas, escarabajos y arañas, ha habido que sumar un batallón de cucarachas: ¡¡¡qué ascoooo!!! Nunca había visto tantas dentro de una casa. Debo haber gastado las suelas a pisotones. Y, luego, a transportar las jardineras hasta un contenedor. ¡Cómo pesaban las condenadas! Seguían llenas de bichos y una cucaracha se me ha subido por el brazo: aunque me he duchado y echado a lavar toda la ropa, sigo sintiendo como si bichejos me recorrieran el cuerpo. Bbrrrr.

Lo peor, supongo, ya ha pasado. Lo siguiente, llevarme para allá los muebles y recuperar todas mis cosas del trastero. Me canso sólo de pensarlo.

Zirbêth.

3 Comments:

Blogger Urobros said...

Hola primita,

pues que quieres que te diga. Esto de las mudanzas lo mejor que tiene es que despues de tanto caos todo parece que está en orden. Además que tras ella, creo yo, es el único momento en que todo está ordenado en nuestra habitación.... Despues, con el paso del tiempo todo va adoptando nuestro propio orden (des).

Besitos.

9:40 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

Pues yo pienso que lo mejor de las mudanzas es que aprovechas para tirar montones de cosas inservibles, que por cariño, o por el recurridisimo "por si acaso" almacenamos sin descanso y nunca, nunca usamos.

Creo que es importante hacer mudanza de vez en cuando, y no me refiero a cambiar de piso...


Un besazo.

11:50 a. m.  
Blogger Aldebarán said...

Tiene razón el amigo anónimo. A veces guardamos latas cuya fecha de vencimiento pasó hace muchos años.

Suerte con la mudanza.

7:21 a. m.  

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