lunes, abril 10, 2006

CONCIERTO CALLEJERO

Después de una opípara comida, ayer fuimos a la calle Preciados. Pasamos un babeante momento por la sección de cómics de la Fnac y luego seguimos calle abajo. Pocos metros más abajo, un grupo de cuatro violines, una viola, un chelo y un contrabajo, comenzaron a tocar. A tocar maravillosamente.

Pronto, una multitud se fue concentrando alrededor. Y el silencio se fue extendiendo para dejar paso al Adagio de Albinoni, después la Primavera de Vivaldi y a continuación, el ¿Verano? No lo sé, sé que era una de las estaciones, pero no cual.

Pero entonces, una moto de la policía nacional se metió entre el público, molestando a todo el mundo. Se plantó delante de los músicos, y algunos dejaron de tocar. Pero no así el primer violín, porque, sencillamente, estaba con los ojos cerrados y completamente concentrado en su música. Así que el policía, ni corto ni perezoso, agarró y encendió la sirena y las luces, interrumpiendo de ese modo el concierto callejero.

No sabéis como me puse. Me dio una pena, una rabia tan grande, que casi lloro. La gente epezó a abuchear al policía, que seguía allí, prepotente perdido, haciendo gestos despectivos para que los músicos se fueran. Su compañero se había quedado parado, sin interrumpir, y no se acercó hasta que la música cesó. Se armó una buena, porque la gente protestaba enérgicamente, imcrepando y abucheando al policía.

Y es que no lo entiendo. El ayuntamiento les ordena que les interrumpan: no han pagado por hacer ese uso de las calles. Pero me cuesta entenderlo, de verdad. Recuerdo amigos extrangeros que me hablan precisamente de esos conciertos espontáneos callejeros como parte del encanto de Madrid, como algo que hace merecer la pena el riesgo que, en esa misma calle, corres de que te roben la cartera, para lo cual, lo siento, pero el celo de los representantes de la ley no parece ni remotamente el mismo. Entiendo que no se permita la venta ilegal de mercancías pirateadas o de dudosa procedencia, pero, ¿música en directo? ¿Música que se convierte en atractivo turístico y que beneficia a bares y comercios de la zona? ¿Música maravillosamente interpretada que llena la calle de silencio voluntario, de paz y sonrisas? Unas calles, por cierto, llenas de ruidos desagradables y de obras que beneficiarán económicamente a los de siempre.

Lo siento, pero me parece una vergüenza. Y, lo menos que podría haber hecho ese policía, es haberles pedido que se fuesen una vez terminasen la pieza. Hay que ser capullo, vamos.

Zirbêth.