sábado, septiembre 22, 2007

MANADA ARRABALERA

Mirad que no soy de hacer fotos, pero me estoy quedando con las ganas últimamente de hacerles fotos a los gatos del patio de al lado. Ya llevo tres semanas que, el sábado o el domingo (cuando no está Pedro), les doy de comer. Me ven asomarme y vienen, me maullan, me exigen. Pero al moverme para echarles la comida huyen despavoridos casi todos. Luego, se vuelven a acercar, y se dan un banquete.

Luchan por la comida. No al principio, al principio todos comen. Pero una vez saciada la primera hambre, sacan la territorialidad que llevan dentro. Las madres observan y dejan comer a sus retoños, se acercan sólo cuando estos han comido y empiezan a jugar, despreocupados. Las futuras madres comen mucho más, y bufan y atacan a quienes tratan de coger un trozo más grande del pastel. El macho dominante y el rival principal se estudian, se bufan, a veces llegan a las garras, todo un espectáculo de fuerza y dominio ante el resto de la manada. Y la sopresa, el pequeñajo que se sube al montón de comida y aparta a todo el que se acerca, aunque la mayoría son cuatro veces más grandes que él.

Echo de menos algunos gatos, que pueden haberse ido o muerto, no lo sé. La manada vive en el patio de la casa, pero entran y salen cuando quieren. La casa está compuesta de tres bloques, de los cuales sólo uno está habitado y los otros dos son lo que parecen cocheras y habitáculos para ganado. En otro tiempo debieron tener animales bastante más grandes que gatos. Por el patio central, al que dan los tres edificios, se ven tirados restos de arados y otros artilugios y herramientas. Los gatos son de la casa, les dan de comer, pero son gatos arrabaleros, asalvajados. Nunca he visto a los dueños de la casa estar con ellos.

Hay cinco crías nuevas, pero de las que vi hace unos meses, sólo queda una. No deben tener una vida fácil. Algunos están fuertes, se les ve musculosos y mejor alimentados. Otros están más delgados. Debe imperar la ley de la selva. Yo, les hecho un kilo de comida a la semana. No es mucho, y algunos comen bastante menos que otros. Pero algo ayudo, al menos. Ellos me miran, me dejan observarles. Si tuviese diez años, le pediría a los dueños de la casa que me dejasen entrar y trataría de acercarme y hacerme amiga de ellos. Pero tengo treinta y cuatro, no es plan. No puedo acariciarles, ni jugar con ellos, pero sí observarles, verles crecer. Me siento como uno de esos científicos de los documentales de Big Cats. Aunque, mis objetos de estudio son mucho más pequeños.

Zirbêth.

1 Comments:

Anonymous Brisa said...

Me has llenado de ternura Zirbêth.... pones un granito de arena en sus vidas, y en la medida de tus posibilidades se la facilitas. Creo por instinto me gustaría poder repartir la comida equitativamente, pero como bien dices en el reino animal impera otra ley, eso sí a veces menos animal incluso que en el nuestro. A ver si algún día te animas con la foto y los vemos :)

Un beso

10:15 a. m.  

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