sábado, noviembre 04, 2006

FUTURO IMPERFECTO

Cuando volví de Valinor, tras semanas de echar de menos su compañía y sus palabras, con las esperanzas puestas en aquella reconciliación en nuestro último enuentro, lo organicé todo para reproducir de la manera más aproximada el marco de nuestra vida en común en aquellas ya lejanas tierras. Las semanas de silencio, de no tratar de buscarle por mail o teléfono, de dejarle espacio y no agobiarle para que se readaptara a la vida en Númenor, fueron las cómplices del desastre en mi corazón y mi cabeza. El esperado reencuentro fue el primer terremoto de una larga serie de acontecimientos destructivos que se fueron sucediendo en los posteriores meses. Descubrir que, sin advertencia alguna, la reconciliación sólo había sido una caída en la tentación por su parte y, por tanto, el haber sido utilizada. Descubrir que la vuelta a Númenor y al escenario compartido con los amigos hacían inviable el status quo de nuestra relación descompensada, en un primer encuentro lleno de frialdad mientras estuvimos en grupo, frialdad que me fue acelerando el pulso del miedo y los sudores fríos hasta desembocar, al quedarnos a solas, en la ruptura final y el hundimiento y resquebrajamiento de mi ser al completo...

Sólo con que me hubiese dicho eso mismo un par de semanas antes, por teléfono, muchas de mis decisiones respecto a mi planteamiento de vida al regresar hubiesen sido muy diferentes. Mi madre me habia sugerido que me fuese a vivir con ella para prepararme las oposiciones más tranquilamente y sin tanto gasto. Pero, claro, yo no quería. Yo quería mi independencia para poder tener un lugar para continuar con esa vida a la que me aferraba porque eran la fuente de mi felicidad... y de mi sufrimiento, para qué engañarnos. El sufrimiento del miedo constante a que me abandonase.

Si, como decía, hubiese tenido la decencia de no sucumbir en aquel encuentro, o de haberme sido sincero y decirme que se acababa, que había otra persona en su pensamiento (en vez de aquella torpe excusa del famoso masaje que "de verdad, sólo fue un masaje y no pasó nada"), y no esperar a que le pusiese entre la espada y la pared, mis planes hubiesen sido muy distintos.

Así que uno de los "errores" que me tengo que perdonar y que he de comprometerme a no cometer jamás es el de supeditar mis decisiones y mis planes a terceras personas. Se acabó lo de dejarlo todo por amor. Sé que es muy romántico, pero me está costando sangre, sudor y lágrimas recuperarme. Y no puedo permitirme volver a hacer algo así nunca más.

Si hubiese sabido que me dejaba, me hubiese ido a vivir con mi madre, lo cual hubiese significado que me hubiese centrado mucho más en las oposiciones, que hubiese estado más protegida y cuidada en un momento (de un año y medio) muy difícil. Probablemente, me hubiese recuperado antes de todo esto, no hubiese tocado fondo de un modo tan virulento y destructivo, no me hubiese dejado la autoestima y la salud por el camino y hubiese podido dedicarme a construirme una vida y un futuro, a comprometerme conmigo misma de verdad y de una puñetera vez.

Así que tengo por delante mucho trabajo y un gran compromiso con mi vida. Tengo, para empezar, que perdonarme por el pasado de errores (a él no le perdono ni le perdonaré nunca: es mi prerrogativa) y tomar decisiones firmes de cara al futuro.

Tengo, sobre todo, que recuperar la salud para poder hacer frente a ese futuro. Y, lo dicho: se acabó el organizar mi vida en función de una pareja. Para poder querer a otro antes me tengo que querer mucho a mí misma.

Zirbêth.

1 Comments:

Blogger Azelaïs de Poitiers said...

Bueno, guapa, asumir los propios errores y observar los propios puntos débiles es lo más jodido del mundo, pero lo único que funciona para aprender del pasado y seguir adelante.

Una vez asentadas las bases, las heridas se curan en cuestión de tiempo (y con apoyo de amigos, música, libros, tranquilidad, chocolate y caprichos varios, que buena falta hacen). Y haber aprendido del pasado hace al futuro mucho más interesante. Y lo digo por experiencia propia, que es la única que sirve...

Mucho ánimo.

1:33 p. m.  

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