martes, marzo 16, 2010

ARREBATO DE ANECDÓTICA INMODESTIA

El año pasado, allá por mayo, me puse a dieta y perdí como diez kilos diez. Más contenta que estaba, y orgullosa de ver como la fuerza de voluntad iba dando sus frutos... Lamentablemente, durante las vacaciones de verano y desde entonces, fui poco a poco dando rienda suelta a la vagancia, y a fecha de hoy he recuperado por lo menos la mitad. Soy un desastre, lo sé, lo sé.

Por eso, y para motivarme, os voy a contar una anécdota de aquellos tiempos en que, como dice mi amigo A., estaba hecha un pivón.

Sicilia 1920. Una joven campesina...

Ah, no, que esa no era yo... Ejem, jeje.

Corría el año dos mil dos, acababa de empezar a salir con aquel M. del que hablaba en los inicios de este blog y, lo que son las cosas, era septiembre y tenía evento rolero: La batalla de Aksintur. Iba de maga mamporrera, aunque la verdad es que me da siempre algo de miedito eso de zurrarme físicamente (lo mismo que me atrae, cosas raras que pasan), por lo que procuraba usar la magia más que el bastón de combate, rayo aquí, proyectil mágico allá. Pupa a distancia. Mucha pupa.

Pero eso no es lo importante (ahora, en la partida claro que lo fue).

Fuimos al rol en vivo en coche y, como es noble tradición ya, nos perdimos por esas endemoniadas carreteras de Ávila. Así que llegamos cuando ya todo el mundo estaba en el comedor, comiendo una de las comidas más paupérrimas que jamás nos han servido en un albergue en uno de estos eventos: aparte de mala, las raciones eran como para críos de entre ocho y diez años. Críos anoréxicos, añado.

Pero eso tampoco es lo importante.

Como sabía que llegaríamos tarde, fui con parte del disfraz puesto. El peor disfraz que he llevado a un vivo, debo decir, porque no me había dado tiempo a terminar lo que me estaba cosiendo. Y aunque me hubiese dado tiempo, era terciopelo y siendo primeros de septiembre, si llego a habérmelo puesto hubiese muerto de calor en media hora. Menuda estaba cayendo. Ni sierra, ni Ávila, ni nada de nada: de los treinta y cinco no bajamos hasta que se puso el sol.

Y, por fin, lo importante.

Llevaba puestos unos pantalones de licra mate negros pegados a la piel, una camiseta de licra negra pegada a la piel y cortita que dejaba ver el ombligo, y unas botas altas aterciopeladas y también ajustadas. Acelerados y hambrientos, enfilamos el comedor.

Y entré. El hasta ese momento ruidoso comedor del albergue quedó sumido en silencio. Unos cincuenta pares de ojos me mirarón y, lo juro, pude escuchar algún que otro síntoma respiratorio de alborozo.

Fue mi momento de gloria. Ese momento en que sentí reconocido mi "estar buena". Ese mismo "estar buena" que ya no volveré a recuperar, aunque estoy intentándo acercarme al menos un poco. Vivir en Inglaterra, la depresión, la medicación y un saber apreciar la comida decididamente exagerado me llevaron a pesar en algún momento hasta treinta y cinco kilos más que en ese momento, aunque ya sólo lo supero por unos quince o veninte.

En cuanto llegue a casa, os subo la foto de ese evento, con disfraz completo.
Ya he llegado a casa. La foto prometida.

Zirbeth, cuando era joven y bella...

Disculpad este momento de inmodestia. Pero, cual abuelita, me gusta recordar esos aspectos del pasado que son mejores que en el presente. Y que asumo que no volverán.

Zirbêth.

2 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Sigues siendo ambas cosas, dama de Rohan

Vicent.

5:28 p. m.  
Blogger Peloxo G said...

Solo si asumes que eso tiempos no volverán, es cuando realmente no lo harán...

6:47 p. m.  

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