domingo, julio 06, 2008

GIRONA, GERONA

Hacía años que quería hacer este viaje a mi pasado, a mi infancia. Viví allí cuando tenía unos cinco años, no recuerdo bien (y no me apetece calcular). Mis recuerdos son fantásticos, fantasiosos incluso. O eso pensaba hasta hacer este viaje.

Cuando lo estaba planeando, pensaba si me sentiría decepcionada, porque los recuerdos de la infancia son algo muy especial, todo queda magnificado, pues lo vivido y recordado entremezcla realidad y fantasía. Las aventuras que uno vive entonces descansan más en la imaginación que en lo que la realidad pudo aportar.

Pues no fue así. Gerona era incluso más hermosa de lo que la recordaba. Lo único diferente fue mi apreciación de la anchura de las calles, pero eso seguramente se debe a que ahora mido más de medio metro más que entonces. Pero esas calles son incluso más bonitas de lo que mi memoria de niña me decía. Son calles estrechas de piedra, medievales, muy cuidadas. Un laberinto de escaleras y cuestas, empedradas, silenciosas. La ignorancia de la edad no supo apreciar ese hecho, que esas calles llevan siendo así siglos! Tal vez ella hayan influido en que me sienta tan atraída por los ambientes medievales.

Aunque N. y yo llegamos pasadas ya las doce de la noche, nos compramos un bocata y fuimos directamente a mi antiguo barrio. Pese a tener el tobillo como una pelota, me emocioné tanto que se me olvidó hasta el dolor. Fui capaz de llegar a mi antigua casa sin mapas ni nada, y sólo me despisté una vez. Fue una sensación maravillosa.

Continuamos paseando por la zona, viendo la catedral iluminada y montones de otros sitios que conforman el paisaje de buena parte de mi infancia. Al día siguiente, volvimos a los mismos lugares, pero esta vez baja un calor considerable y con una fantástica luz. El que era mi colegio es ahora la Universidad. Me hubiese gustado entrar, pero al ser sábado supuse que estaba cerrada. Los jardines alrededor estaban brillantes de vida, y desde uno de los callejones que rodean mi colegio pudimos escuchar una voz suave y una guitarra en la melodía brasileña "Garota de Ipanema". Fue un momento mágico.

En general, fue un fin de semana estupendo, relajado y placentero en todos los sentidos. No me dio tiempo a ver todo lo que quería, dormí más de la cuenta. Pero me da igual. Así, tendré que volver. De hecho, una parte de mí quiere volver... para quedarse.

Zirbêth, enamorada de Girona.

2 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Que bien. De la misma manera que tenemos que asumir criticas (porque no todo es perfecto, ni mucho menos) es agradable que "mi" ciudad, Girona, que también és la tuya, te haya producido buenas vibraciones. Vuelve cuando quieras.

10:15 a. m.  
Blogger Eowyn Zirbêth said...

Hola, Anónimo. Muchas gracias por el comentario, y decirte sólo que volveré, en cuanto pueda, y con más tiempo. Me dejé muchos rincones sin visitar.

10:02 a. m.  

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