domingo, octubre 21, 2007

DIFERENCIAS

Viernes por la tarde y agotamiento absoluto tras la larga semana de curro. Mi cerebro practica el escapismo sacándole chiste a todo lo que puede, riéndose de lo que podría hacerle enfadar o desesperar, burlando así la lentitud del reloj que le atormenta. La gente me mira como si estuviese loca. Debería combatir mi cansancio con un mutismo inalterable que me hiciese pasar desapercibida. Ser extrovertida e imaginativa puede ser una mala mezcla que la gente interprete como inmadurez. No es cierto, estoy trabajando. Ellas, mientras, se están enseñando fotos de sus novios, hijos, familias, escaqueadas desde hace rato del curro. Eso sí, su actitud es más discreta. He de controlarme, supongo.

De repente, mientras se enseñan fotos, el teléfono de una de ellas suena. El teléfono de la oficina, quiero decir. Suena, suena, suena, y al final con un gesto brusco lo coge y contesta. "En este momento no puedo atenderle", dice. Y cuelga. Alucino. Aún sigo flipando, cuando suena el móvil de otra de ellas con uno de esos timbres (por llamarlos de algún modo) donde un cateto grita barbaridades y su nombre a la vez.

Sé que me han juzgado por mi modo de actuar desenfadado. Incluso aunque no haya parado de trabajar ni un momento. Yo, no las he juzgado a ellas. Y eso que, dado que se escaqueaban del curro y yo no, podría considerar justificado el hacerlo.

A mí, que la gente se gaste la pasta en poner semejantes horteradas y zafiedades me parece increible. Pero, ea, cada cual con su dinero que lo desperdicie en lo que le de la gana. Lo que me jode es que, como lo anuncian en la tele (la gran normalizadora) eso no se juzga igual que si yo, por ser viernes, voy al curro con ropa más cómoda. La rara, soy yo. Incluso aunque desde el punto de vista del sentido común mi comportamiento sea mucho más lógico. Está claro que la lógica no cuenta. Cuenta el que hagas lo que se espera de ti, que no les sorprendas, que pases desapercibida.

Socializarse es una tarea abrumadora. Pero no queda otra.

Zirbêth, sometiéndose.

3 Comments:

Blogger Ohdiosa said...

huyo de lo cotidino, normal y rutinario...demasiado aburrido para mi...¿y los demás? pues que hagan lo que les venga en gana mientras a mí no me moleste...

a mi me recuerdan a corderitos, son un rebaño de ovejas que siempre caminan mirando al suelo sin levantar la cabeza...todos con la misma ropa, los mismos tonos en el movil, el mismo ideal de vida (hipoteca, casa grande que te cagas, coche grande qeu te cagas, hijos, veranos en salou...)...mejor ser diferente!!!

9:14 p. m.  
Blogger Azelaïs de Poitiers said...

Hombre, lo de la casa grande que te cagas y en propiedad tiene que tener su aquel, jajaja. Sobretodo lo de en propiedad. De hijos y tonos de móvil déjate. La gente está loca. Como suelo decir yo "la mayor parte de la gente no es normal", jajaja.

4:47 p. m.  
Blogger Eowyn Zirbêth said...

Lo que está claro es que a cada edad el cuerpo te va pidiendo cosas distintas. Estoy de acuerdo con Azelaïs: lo de la casa tiene su puntito. Podría tener los gatos que quisiera, jejeje. Lo de los bebés, mmmm, complicado. Mi cabeza dice que nones, pero el reloj biológico tira un rato, el maldito.
Hace un tiempo, pensaba y actuaba como tú, Ohdiosa. De hecho, creo que en parte te leo porque me recuerdas a mí hace unos añitos. Pero, como decía, la vida va avanzando y te va pidiendo cosas diferentes. Llega un momento en que ciertas rutinas se hacen de lo más apetecible. Lo mismo que ya no te apetece jugar con muñecas, o al pillar, y que de pequeña el sexo te daba igual, cuando llegues a cierta edad (diferente para cada persona), empezarás a soñar con tener tu propio rinconcito, para poner el florero donde te apeteza, subir los pies al sofá, comer en la cama... o todo lo contrario.

2:04 p. m.  

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