domingo, agosto 05, 2007

PLAYA, CUÁNTO TE EXTRAÑO

Aunque no podría ir, dado que tengo fiebre y soy una fábrica ambulante de mocos, echo de menos la playa. Más concretamente, el mar. La playa en sí, dados sus pedruscos y rocas, no tanto. Pero echo de menos poder bajar y meterme en el agua, fría, como a mí me gusta. Nunca me han gustado esas playas donde el mar parece más un caldo de la abuela que agua corriente y salvaje. Y aunque me queje de los pedruscos, también prefiero los chinorros a la arena superfina que se te mete por todas partes y tardas semanas en desacerte de ella.

Siempre que me acerco al mar, desde la ventanilla de un autobús o un coche, digo lo mismo:
"-Rogelia, el mar.
-Cuánta agua.
-Debajo hay más."
Es una especie de tradición.

Llegué destrozada, muerta de cansancio y son el alma empapada en tristeza e impotencia. Pero en un par de días volví a ser yo. Esta nueva yo, tan parecida a la de antes, pero tan diferente. Pero esa es otra historia.

En casa de Puri, la amiga de mi madre, había representación femenina desde los treinta hasta los ochenta (sólo faltaban los setenta). Un montón de mujeres estupendas con las que pasé unos días geniales y con las que espero volver a reunirme en septiembre, después de los exámenes. Cuando algún hombre dice aquello de que las mujeres son como los vinos, que mejoran con los años, creo que no son conscientes de cuan cierta es la frase. Bueno, alguno seguro que sí. Conversaciones estupendas, risas, salir de marcha. Hasta "corrompí" a una de ellas y probó el ron con zumo de piña.

Cuando ellas se fueron, pasamos aún unos días estupendos, de tranquilidad total, con Puri y su madre. Baños y paseos de esos que relajan y se llevan lejos cualquier mal rato que hayas pasado.

El año que viene, hay que repetir.

Zirbêth.

1 Comments:

Anonymous Vicent said...

No hay nada como un paseo por la playa una fria mañana de enero, es algo muy recomendable si se tiene la oportunida de hacerlo.

Un beso

8:54 a. m.  

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