lunes, febrero 12, 2007

SE ROMPIÓ

El sábado me senté a jugar a ordenador. Cuando llevaba un rato, de repente mi silla se rompió y me caí al suelo. Debió ser graciosa mi cara de sorpresa, pero el espejo queda a mi espalda y no la vi. Aunque da igual, porque me la imagino. No me hice daño, así que debió haber cara de sorpresa pero no de dolor. Si debió, en cambio, haber cara de decepción y pena, así, entremezcladas. Me gustaba mucho mi silla azul, de ruedas, con reposabrazos, ajustable de altura y con respaldo adaptable a la postura. Además, fue muy barata: sólo veintitrés euros. Seguramente fue por el precio que acabó rota con sólo año y medio de uso. Usarla me costó 0,127777777777 al día en esos dieciocho meses. Barato, ¿verdad?

La silla, rota, sigue en mi dormitorio. Está como tumbada boca abajo, con el trozo roto sobre ella. Lleva así casi cuarenta y oho horas. Me da pena tirarla, pese a que arreglarla es de todo punto imposible: está muy rota. El pie con ruedas se rajó y ahora hay casi media base escindida del resto. Hay que tirarla. Pero me da pena y ahí sigue, rota, boca abajo, en el suelo de mi cuarto. ¿Por qué me cuesta tanto desprenderme de ella? No es nada práctico tener una silla rota en mitad del suelo del dormitorio.

Mi psicóloga (he cambiado de terapeuta, esta es psicóloga cognitivo-conductual, la otra era psiquiatra psicoanalista) dice que mi vieja vida también está rota. Hay un montón de cosas que hago mal y me perjudican, y debo deshacerme de mis viejos hábitos y pensamientos para dar paso a otros nuevos mucho mejores, que funcionan bien y hacen que la vida sea mejor. Pero cuesta mucho trabajo. Las viejas costumbres están automatizadas, mientras que las nuevas, pasado el posible deslumbramiento de la novedad, son tareas difíciles a realizar poniendo en ellas los cinco sentidos. Y yo tengo tanto sueño y estoy tan cansada.

Mis viejos pensamientos y hábitos son como esa silla rota tirada en medio de mi cuarto. Pese a que ya no funcionan, es como si les tuviese cariño. Pese a estar demostrado que me causan dolor y daño, los dejo estar ahí, ocupando el espacio que necesita la nueva silla. Me da pena. Y miedo, también miedo. Mi vieja vida me da pena, no soy capaz de deshacerme de ella para dejar espacio a la nueva, y la nueva vida, que me aseguran que funcionará mucho mejor, me da miedo.

Mi silla rota y mi vida rota están ahí, aunque ya no las use, pero tampoco tengo las nuevas vida y silla para disfrutar de ellas. Me da miedo: ¿y si se rompen y me vuelvo a caer?. Puedo usar de momento cualquier silla de la casa. Y prefiero esta especie de hivernación, de no vida, porque vivir me ha dejado agotada y no quiero, o no sé, como volver al rio caudaloso de la vida sin que simplemente meter un pie me deje agotada y aterida de nuevo. A veces me aburro, es cierto, pero aburrirse no es un gran riesgo. Y eso es lo que rehuyo: los riesgos.

Es extraño. Siempre fui valiente enfrentándome a la vida. Siempre arriesgué, siempre me atreví y me lancé. Pero ahora no quiero arriesgarme a nada. Sólo quiero estar en casa, tranquila, mirando mi silla rota, tan azul y bonita.

Por un tiempo, prefiero aburrirme a arriesgar.

Zirbêth.

6 Comments:

Anonymous Vicent said...

Terminarás convertida en elfa como sigas con esa vida contemplativa..., y no se me ocurre nada mas triste que una rohirrim sin ganas de montar en una silla nueva....

4:59 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Empieza por lo más fácil: coge la silla rota y mándala a la basura, que te deje más sitio en la habitación. Tira todo lo que no te valga y todo lo que no hayas usado en, al meno,s 6 meses. Haz una limpieza a fondo de tu entorno. Y luego vuélvete hacia adentro y mírate. Poco a poco. No hay prisa. Cada hábito nocivo que creas que tengas lo sustituyes por otro que te beneficie. No más. Tacita a tacita. Y descubrirás que esta sí que va a ser una auténtica aventura personal e intransferible. Un abrazo.

2:41 p. m.  
Blogger Duraglar said...

Si la quieres conservar siempre puedes recurrir a convertirla en una escultura de arte moderno. Si a Homer le funcionó... xD ¿por qué a ti no?

10:28 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

coge todo lo malo de tu vida y ponlo en esa silla. Luego prendele fuego. Después te vas al ikea y te compras una nueva. :)

un abrazo

Baya, esperando ver pronto la silla nueva

2:11 p. m.  
Blogger Ohdiosa said...

el miedo a cómo será lo que nos espera nos frena mucho a la hora de actuar, mi consejo no es diferente al de los demás, haz limpieza, tira todo lo viejo, abandona esos recuerdos y empieza de nuevo, poco a poco para que la corriente no te arrastre...y no pienses en si te caerás de nuevo o si te harás daño, todos hemos tropezado alguna vez (yo demasiadas) y siempre acabas levantandote y sigues caminando.

Un beso y mucho animo

12:36 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

¿Por que ese ansia por llenar de cosas tu habitación? si la silla no te sirve está claro que hay que tirarla, pero no tengas prisa, sientate en el suelo, tomate tu tiempo y cuando tengas ganas (o te duela el culo demasiado) sal con una sonrisa a por la que mas te guste¡¡¡¡

7:26 p. m.  

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