martes, junio 27, 2006

TERMINAR

Hay pocas circunstancias tan desconcertantes como los finales. Ya sean finales tristes o alegres, siempre hay un periodo de tiempo de desconcierto, de no saber qué ocurre exactamente. De desorganización orgánica, por llamarlo de algún modo. Y uno de los más desconcertantes (rápido, que alguien me pase un buen sinónimo) es el final de un libro.

Es una pequeña muerte. Yo lo siento así. Una muerte de algo que nunca tuvo vida, podrán pensar algunos. Una vida que nunca pudo ser más real. El desasosiego me desborda siempre al terminar un libro, sea cual sea el modo en que este termine. Aunque, reconozco, es peor si el final es triste.

Pues bien, hoy he terminado dos libros. No uno, dos. Y el último acaba con la muerte del protagonismo y un grito apagado del autor contra la injusticia del hombre y de los siglos.

Si a eso le unimos otros finales, menos terminales, pero más físicos, de los días y sus noches, la estampa de mi extraño estado de ánimo ya está demarcada.

Echar de menos es una enfermedad crónica.

Zirbêth, anhelante.

1 Comments:

Blogger CARLOS said...

teminar dos libros,plantar dos arboles,plantar dos amantes,debes sentirte como que pesas 10 kilos menos ,listo para comenzar a volar nuevamente. felicit

1:38 a. m.  

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