domingo, septiembre 11, 2005

NUNCA TE DISCULPES

Leía el otro día en no sé qué libro, como un personaje le decía a otro algo así como: "Puedes hacer lo que quieras, siempre y cuando jamás pidas disculpas o perdón por tus actos". Resulta curioso, pero en el fondo no me sorprende, que más allá de la desfachatez del que se aprovecha de tal máxima (podría decir quien la sigue, pero llega un momento en que lo que hace es sacar provecho), está la aceptación de la misma por aquellos que rodean y, en muchos casos, son víctimas del aprovechado. Como si el hecho de que no demuestre remordimiento o conciencia de la inmoralidad o amoralidad de sus actos fuese suficiente para que quienes le redean no le pidan explicaciones, no le pidan que no actúe así. El castifo social viene, en demasiados casos, como consecuencia de la aceptación del infractor de su delito: siempre fue un ladrón, pero hasta que no lo admitió y pidió perdón, nadie se atrevió a sojuzgarlo. No públicamente, que lo de cagarse en sus muertos en la intimidad del hogar o la amistad, ya es otra cosa.

Por supuesto, muchas veces no son delitos, ni mucho menos. Son sólo quebrantamientos de las normas sociales llevadas a cabo por una no aceptación de las mismas. Por ejemplo, aquellos y, más aún, aquellas, que reclaman libertad de hacer lo que les de la gana respecto a aspectos privados de su vida en las que nada debería pintar la sociedad. Cosas como elegir acostarse con quién le de la gana, sin que por eso la llamen a una cosas impropias (nunca me cansaré de decir que las putas cobran, y que el resto es ejercicio de la libertad personal); o en casos más comprometidos, como el aborto: aunque deberían haber tenido cuidado o haberse pensado dos veces lo que hacían, siguen teniendo derecho a decidir si seguir adelante o no con el embarazo (traer una vida al mundo es algo mucho más complejo que dejar que la naturaleza siga su curso y apechugar con lo que sea; aunque uno deba tratar de evitar tal situación, hay veces en que no se logra; y no, la aspirina entre las rodillas no me parece una opción realista).

Pero, me dirán, esto es casi un asunto de puntos de vista. En otras ocasiones, reclamo eso que he dado en llamar castigo social: el maltrato infantil o a las mujeres, por poner un ejemplo. El exigir que se cumpla la norma del respeto a la intimidad, cuando ésta se usa como modo de encubrir el maltrato a terceros. Y no creáis que no pienso y repienso que es lo mismo que algunos alegan para justificar que se pueda intervenir llamadas de teléfono, correpondencia y conversaciones de chat por razones de seguridad contra el terrorismo internacional. Esun tema escabroso este, difícil de dilucidar, sin duda alguna.

Pero me estoy desviando del tema. A lo que yo me refería es a esa actitud de muchos de "lo hago porque puedo", y al consenso silencioso y, en cierto sentido, inexplicable e injunstificable de que el hacer ciertas cosas sin jamás disculparse por ello es, de algún modo, razón suficiente para que pueda seguir haciéndolo.

Me estoy enredando.

Zirbêth.