miércoles, septiembre 22, 2004

EL AMOR

Hoy me he dado un paseo por otro blog, un blog que no cesa de hablar de amor. Pero un amor que supura dolor o, al menos, esa es la sensación que he tenido. Lo cual parecía en buena parte dotar a ese amor de una calidad de amor más auténtico. Como si amor y dolor no pudiesen ir separados, fuesen parte él uno del otro sin posibilidad de disociación. Me gusta mucho como escribe, es muy poética. Pero no quiero ese tipo de amor para mí. Ya lo he vivido, he buceado en él y casi me ahogo. Un amor que, aunque me inspiraba, me anulaba. No quiero unir amor y dolor, aunque sé que es inevitable. No se puede separar del dolor ninguna de las facetas de la vida. Pero prefiero no regodearme en él.

Y hubo algo que leí de esta escritora que, primero, me llegó al alma y, luego, mi alma lo rechazó.
El amor de Romeo y Julieta era "el amor" porque nadie más sabía.
Cuando el amor se hace público se convierte en la carga. Pesa y tiene "compromisos", y deja de ser sentimiento para convertirse en razón.
El amor debe ser íntimo, secreto, privado.


Hay que estar ciego para no ver el amor, porque ilumina los rostros de los amantes y les da una belleza que ninguún maquillaje, gimnasio ni máscara veneciana pueden dar. El amor se delata en el rostro de las personas. Sólo si en tu caminar jamás levantas la vista del suelo, no veras ese amor del que no participas. Pero existe, está ahí. Así mismo, cuando amas, aunque quienes te rodean lo puedan ver en el brillo de tus ojos o mejillas, siempre hay algo que el resto no puede ver, la profundidad del amor, podríamos llamarla.

Por eso no hay manera de aconsejar sobre amor a otros, más allá de generalidades y tópicos. Es imposible saber lo que hay en un amor, por muy público que sea. Y no puedo estar tampoco de acuerdo con lo de que se convierte en una carga y en compromiso. La única carga es esconderlo por miedo a que el hacerlo público lo convierta en otra cosa.

Los compromisos no están más que en nuestro corazón, en nuestros sueños, y sólo son para nosotros mismos. No creo que un amor sea más comprometido porque quienes nos rodeen sepan de él.

Algunas personas me han mirado mal y han hablado mal de mí, porque en algún momento de mi vida he dado fin a una relación afectiva de esas que, socialmente, uno no "puede" finalizar. ¿Finjo un amor que no siento, un vínculo afectivo que no siento? ¿Haría ese amor cierto el hecho de que socialmente se te impusiera?

No. Y, por contra, el que el amor entre dos tenga su cara inevitablemente pública, no lo hace menos verdadero. El único compromiso está en ese amor mientras existe. Cuando ya no hay amor, mira, lo siento, pero que le den viento al público espectador. Ya encontrará otra cosa en que fijar su atención.

Amo por dentro y por fuera, a veces como si no hubiera nadie delante y a veces con tentaciones de saludar al público con una reverencia. Me da igual quien haya delante. No puedo ocultarlo, ni quiero. Se me escapa el corazón.

En fin, resulto caótica escribiendo. Os dejo tranquilos.

Zirbêth

1 Comments:

Blogger maguncia said...

Pues para mí el amor siempre es sinónimo de alegría. Es cierto que hay una parte de sufrimiento pero, insisto, la mayor parte, en mi caso, es una intensa alegría: en principio por vivir y porque me haya ocurrido, luego por estar con él, por compartir experiencias, por ir al cine, por tomar un café, por volver a vernos mañana, ...etc.

5:08 p. m.  

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