domingo, mayo 24, 2009

DEBERÍA ESCRIBIR

Quiero decir, contar algo. Pero la primavera (a algo habrá que echarle la culpa) llena de flores el campo y esteriliza mis dedos.

Mentira. Es que llevo unas semanas de no parar. Mudanza, trabajo, buscar casa para vivir sola, brazo en cabestrillo. Ayer recogí la moto, que ya anda, pero me puse chorreando porque no puedo conducirla hasta que no tenga seguro y demás. Me cayó una colcha de agua (de verano). Luego, la manta cuando fui a la farmacia casi se lleva mis zapatos (los más caros que jamás me he comprado).

Da igual.

Ver pisos es un latazo. Cuando, como yo, tienes demasiada imaginación, enseguida te ves haciendo allí todo aquello que te gusta, para minutos después bajarte a la realidad y ver todos los defectos e inconvenientes. Atrapada estoy en casa de mi madre hasta agosto, calculo. Si de mi madre dependiese, mucho más. Comprar o alquilar, esa es la cuestión. Me muero de ganas de vivir sola.

También de miedito. No miedo de verdad, en plan pasar las noches sola y que los ruidos o el maniaco loco de turno me fije en su objetivo. No, me refiero a que mi adicción a la soledad se vaya haciendo cada vez mayor. Si me aislo en un piso compartido, imagináos cuando viva sola. Lo temo y lo deseo. Ya tengo edad de probar esa experiencia. Soledad, soledad, soledad. Silencio. Gatos.

Cuando tenía trece años, mi profesora, a la que llamaré María Isabel porque no me acuerdo de su nombre, era una mujer de treinta y pico años, o tal vez cuarenta y pico, soltera y con una hija de mi edad o algo más pequeña. Nunca, decía ella, quiso casarse. Tampoco renunciar a la maternidad. Aquello me pareció fantástico. Cuando en casa de mi madre lo menciono, la posibilidad de ser madre soltera, por mi cuenta y riesgo, P. se horroriza. La sociedad me machacará, según él. Yo creo que no lo hará la sociedad, sino mi flojera, jeje. Con lo vivido, me parece mucho más plausible que me joda un hombre que el que lo haga la sociedad. Se me va a pasar el arroz, ya veréis.

En resumen:
Que no voy a decir que venirme a casa de mi madre haya sido un absoluto error, pero lo cierto es que no veo el momento de irme a vivir sola, que es lo que realmente quería y quiero.

Que las primeras semanas ha sido tremendo estar aquí, porque P. no puede con la gata. Ya sabéis lo mal que llevo la tensión emocional.

Que, decididamente, no sirvo para tener pareja. Una vez más, estrés emocional. Y otras cosas que no os contaré, pero que hay quien, como me conoce bien, se imagina.

Que mi tendencia al aislamiento es cada vez mayor, y lo lamento porque alejo de mi a la gente, pero la soledad es mi modo de ser. Os quiero, de verdad, pero soy como soy. Seguramente debería cambiar, pero... De momento no quiero. Ansiedad social.

Voy a desayunar. Hace un mes o más que desterré de mi vida el azucar, las harinas refinadas, los dulces en general, y la sal de casi todas las comidas. Llevo bien este cambio en la alimentación, y es curioso como ahora lo salado me molesta y el dulce casi siempre me sobra. Lo llaman dieta Montignac. De momento ya he perdido volumen y creo que me estoy liberando de los líquidos retenidos. Lo ayudo con hierbajos y aceite de hígado de bacalao. No sé lo que habré perdido de peso, aún no me he pesado tras dos semanas de régimen a base de carne, pescado y naranjas. El martes, si acaso. Lo que quiero es perder volumen, y el peso me va a dar más o menos igual. Cuando me vuelva a sentir bien y quepa en la ropa del pasado, independientemente de mi peso consideraré conseguido mi objetivo.

Miedo me da contarlo aquí, lo vaya a gafar. Lo dicho, me voy a desayunar.

Zirbêth.

3 Comments:

Anonymous Vicent said...

Animo, lo importante dada la crisis en la que nos vemos inmersos es que tu trabajo este estable y afirmado, como parece ser ya que no lo mencionas.

Teniendo eso controlado el resto es cuestion de paciencia para encontrar el piso ideal, sin prisas, ahora la oferta es tremendamente grande y merece la pena patearse la ciudad buscando.

Hazle el seguro a la moto en cuanto te sea posible, la libertad que da el transporte individual no tiene precio. (Lo siento por los ecologistas y demas pero es la pura verdad, y cuanto mas grande es la ciudad, mas convencido estoy)

Un beso. Ya verás como todo va cuadrando y para cuando llegué nuestra estación favorita lo tienes todo encauzado y a punto.

9:41 a. m.  
Blogger Urobros said...

¡Hola linda!

Na, con calma, ya llegará el momento en el que no puedas dejar de escribir, pero ahora atención a los otros asuntos que te acucian.

En cuanto a lo del gusto por la soledad, pues cosas que pasan. El aislamiento no es malo además de que digo yo que será una etapa y ésta durará más o menos. Me gusta un fragmento de una serie (seguro que ya había leido algo parecido en MOMO) en el que ante la pregunta: ¿Y cuánto va a tardar? La respuesta fue algo así como: ¡Tardará lo que tarde! (Seguro que muchos sabéis a que serie me refiero SG1)

Sin más comentarios me despido. Un besazo muy grande para la autora y otro para la madre de la misma.

Bye

10:57 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

¡¡Una moto!! Eso es lo mejor del mundo contra el desánimo. En cuanto le pilles el tranquillo, a rodar sin miedo ¡merece la pena!
Te prometo que no es broma. A mi me funciona. Funciona Mucho. Volar sobre un huracán, todo velocidad y ruido es ... indescriptible.

Ya me imagino que tu no vas a conducir como yo (ni se lo aconsejo a nadie) pero a cualquier nivel es divertidísimo

DV

10:08 a. m.  

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