domingo, septiembre 14, 2008

FLUIR

El verano se muere, y yo me pongo mi mejor y más rojo vestido para celebrarlo. Mi gata tiene ya ocho meses y no tiene celo. He cogido mis últimos cinco días de vacaciones para ver si consigo solucionar ciertos asuntos que me estresan y aburren a partes iguales. Son las doce menos cuarto, llevo hora y media levantada y aún no he desayunado.

Leo en el periódico la enésima fatua columna distrosionando todo lo relacionado con la crisis económica. Pienso, para mí y ahora para vosotros, que crisis es para los currantes de a pie el sistema capitalista salvaje con que vivimos, en el que no contamos sino como la mercancía más barata y menos a tener en cuenta. Que aún no entiendo porque la gente sigue pensando que los inmigrantes tienen la culpa de que no haya trabajo, cuando la culpa es de lo que están arriba, pensando únicamente en cómo enriqucerse más y más hasta la nausea, sin que importe nada ni nadie más que eso. También es culpa, claro está, de los de en medio, los gobernantes, que se dejan arrastrar por esa marea, cuando no lo reman brioosamente con ella y llenándose el bolsillo a la medida de su ambición, desmesurada también aunque con menos posibles.

Pero sobre todo me llena de estupor la ignorancia generalizada y la víscera desatada de quienes se creen a pies juntillas y atacan a los que piensan a la izquierda que nosotros somos los culpables y que nos está bien empleado y que ya vendrá la Falange al rescate. Alucino porque no me puedo creer que su memoria sea tan corta que ni diez años o menos abarque, y olviden tan alegremente que quienes abrieron la puerta a la inkigración sin control y se saltaron y se pasaron por el forro las leyes de trabajo y la propia Constitución fueron los gobernantes de derechas, que siguiéndole el juego a los que realmente mandan en este país, las mafias ilegales y pseudolegales de las grandes fortunas. Ellos son los que permitieron y fomentaron la destrucción del empleo de calidad, ese que buscamos los trabajadores que queremos sueldos que nos permitan algo más que comer sin tener que endeudarnos y esclavizarnos.

No se trata de que no se permita la inmigración. Se trata de asegurar a los trabajadores, vengan de donde vengan, que sus trabajos van a pagarse justamente, que no se les va a explotar y que no se va a permitir que los empresarios, para conseguir más beneficios, nos devuelban a los trabajadores al estado anterior a las luchas sindicales de primeros de siglo.

En fin, así nos va. Es mucho más fácil culpar al inmigrante y pedir que les echen, que luchar mínimamente por nuestros derechos. Quejarse y quejarse, eso es lo que hace el español, y cabrearse visceralmente. Pero todo en su sofá. De utilizar los medios sociales que poseemos para la lucha nada. ¿Huelga general? ¿Dónde se ha visto eso? No aquí, últimamente al menos.

En fin, me aburre ya este tema. Y, como decía, aún no he desayunado.

Zirbêth.

1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

AMÉN¡¡¡¡¡ digooooo A LAS BARRICADAAAAASS¡¡¡¡¡ XDDD


Que conste que a pesar de mi tono humoristico creo que tienes toda la razón, como dicen en mi pueblo "mucho lirili pero poco lerele"


Snaga

12:51 p. m.  

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