sábado, junio 09, 2007

OLOR VERSUS SONIDO

Dos de los aspectos de la vida que la depresión y la ansiedad estaban haciendo que me perdiese son los olores y los sonidos. Cuando estoy mal no puedo escuchar música, prácticamente. A lo mejor tolero música no muy alta, producto del azar o la voluntad de otros, o alguna banda sonora de efectos calmantes. Pero el poder evocador de la música es más de lo que esas pobres y maltrechas pseudoneuronas mías pueden soportar. La música deja de ser placer para convertirse en fuente de dolor. No le deseo esto a (casi) nadie (casi) nunca. Menos mal que soy capaz de sobrevivir sin música.

Se ha dicho muchas veces que los hombres desean con la vista y las mujeres con el olfato (al menos yo lo he oído muchas veces...). En mi caso, es una verdad como un templo. Y no sólo porque no vea demasiado bien, que tampoco veo demasiado mal. La verdad es que oler me fascina. Pocas cosas hay tan placenteras como pasear por el campo e ir disfrutando de la fragancia de las plantas, de la tierra, el agua, el aire. El paso de las estaciones se hace real en la nariz cuando aún no son evidentes sus cambios para la vista. Y mejor no hablemos de hombres: la vista puede que me engañe, pero mi olfato es casi infalible.

Durante estos meses de enfermedad, muchas veces mi terapeuta me decía "sal a la calle y disfruta de lo que ves, de los sonidos, de los olores...". Yo era incapaz de todo ello. Por eso, imagino, fue tan impactante volver a percibir los olores ese día en que salí a dar un paseo por los jardines de Aranjuez. Me dejé arrastrar por un mar de sensaciones: el aire acariciandome el rostro, el canto de los pájaros, el intenso verde del renacimiento primaveral... Pero, sobre todo, pude volver a oler. Oler la tierra mojada por la lluvia, los troncos de los árboles, sus hojas, las flores, la calidez del aire, la colonia de mi madre, la dulzura de aquel horno de pan... Y le olí a él, mis sentidos despertados por la más intensa y afrodisiaca de las dianas. Siempre huele bien. Llevo su olor conmigo, como una segunda piel, pese a la distancia en el tiempo y el espacio.

Puedo estar sin escuchar música, sin oir las voces de los demás. Pero necesito oler el mundo.

Zirbêth.

3 Comments:

Blogger Erendis said...

estoyc ompletamente obsesionada con los olores... en eso me siento un poco como tú, el olfato me puede, me paso el día "oliendo", es como si rastreara el mundo con el olfato... de hecho una frase muy usual en mi es "hueles muy bien" que la digo siempre que doy un abrazo a alguien (cosa que hago mu amenudo) y esa persona huele bien... porque ofú, me pasaría el día absorviendo aromas...

8:12 p. m.  
Blogger Elia said...

A mí también me encanta oler cosas (aunque suene raro), aunque mi hermano siempre se ríe de mí por eso (maldito idiota xD)

Me parece que el olor dice mucho de una persona, y que puede sumarse a las cosas que nos gustan de ella.

Cuando voy por la calle y apsa alguien a mi aldo que usa el desodorante de algún amigo, o la colonia de alguna amiga, me acuerdo de ellos.

Sí, oler es muy importante :)

9:42 p. m.  
Anonymous Anonimo Indiscreto said...

"La música deja de ser placer para convertirse en fuente de dolor. No le deseo esto a (casi) nadie (casi) nunca"

¿Casi? ¡Vade retro! Vade retro...

A mí me encanta la múscica. Todos los días, y las horas que puedo. Casi todos los géneros. Para que te hagas una idea, investigando sobre "Bola Sete", descubrí a este tipo

www.vinceguaraldi.com

su web tiene una intro con uno de sus temas. Tampoco te engañes, que no tengo tanta "agricultura"...

En cuanto a los olores, uhm, creo que para quedar con vosotros habrá que hacer uso en abundancia del desodorante...

1:38 a. m.  

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