jueves, noviembre 18, 2004

GATITOS Y BEBÉS

De pequeña una de las razones por las que me encantaba ir a casa de mis abuelos era porque casi siempre había camadas de gatitos. Me encantaba verlos, acariciarlos, observar como la madre los cuidaba y amamantaba, escuchar los ronroneos. Me fascinaba. Y ver como crecían. De niños, el tiempo pasa mucho más lento, así que darte cuenta de como tus hermanos crecían era casi imposible sin mirar fotos. De hecho, creo que supe que me había hecho "mayor" cuando fui consciente de como los demás crecían a mi alrededor y yo ya no...

Como decía, me parecía fascinante verles crecer, moverse, ir desarrollando habilidades motrices. Y les cogía de las patas para hacérselas flexionar, les apretaba los dedos para hacerles sacar las uñas. Les soplaba en las orejas para ver como las movían. Me parecían milagrosos. Más de una vez lo he hecho también con gatos adultos, que te miran como diciendo "¿Es que no te cansas?, que ya me lo has hecho cuarenta veces.", hasta que, claro, te dan una "tarascá" o un mordisco de aviso.

Bueno, todo esto me sigue pasamdo, pero ahora me fascinan más otro tipo de cachorros. Los cachorros humanos. Hay que ser más paciente para ver los cambios, pero son increibles.

En la pasada Mereth en Edhellond, tuve la oportunidad de babear largo y tendido con dos bebés, aunque una era muy pequeñita y, lo admito, me da miedo que mis manazas hagan algo incorrecto. Apenas tenía un mes, Silmarill, y Tauron ya cuatro meses. Aproveché todas las oportunidades que se me presentaron para cojerle en brazos, para arrullarle y para, sencillamente, observarle. Y aunque, como dice Baya de Oro, su pletórica mami, el crío no pisa en suelo ni el carrito en estas reuniones, hubo tiempo para que todos los interesados tuviéramos nuestro achuchón babeante de Tauron. Me partí de risa cuando Snaga, con su muy conseguido y horripilante traje de orco, se plantó delante y le rugió como un poseso, a lo cual Tauron sólo dijo "¡Agaaaghga!", sonriente y feliz, lo cual nos llevo a la carcajada a todos los que estabamos pendientes del proceso. Llega a llorar e igual hay sopa de orco para cenar...

Y hubo un momento concreto en que mi babeo llegó al paroxismo. Estabamos en la clausura de la mereth, viendo unas últimas representaciones (El club de la Comarca, que buenos, leñe) y esperando a que, como ya es tradicional, alguien hiciese llorar a Lorinlor, y estaba sentada al lado de Isildur, Tauron y Baya de Oro (padre, hijo y madre, respectivamente). Isildur se fue y Baya me pasó al bebé. Sobra decir que no me enteré de nada de lo que pasaba en la sala durante un buen rato, mis disculpas a Elbeanor, que tengo entendido que fue genial. Yo estaba concentrada en sostener y manosear a tan dulce criatura, mientras Baya le hecía carantoñas. Ver como el bebé la miraba me dejó en extasis, con la piel de gallina. "Debe ser genial eso de saber que ya nunca más estarás sola", le dije. "Ya no estaba sola con Isildur. Pero esto es diferente. Él es mío", y mientras, Tauron le miraba embelesado, sólo amor en su mirada.

No quiero una sola broma sobre relojes biológicos e instintos maternales, que los veo venir. Pero sí, quiero ser mirada así. Al menos por un tiempo, quiero ser la persona más importante en la vida de alguien.

Zirbêth.

2 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Sí, la maternidad la vivo como lo que tu dices "saber que ya nunca más estarás sola". En realidad fue un cambio en mi percepción del mundo: no sólo dejé de estar sola si no que ya no era el centro del universo. Y no lo cambiaría por nada. - Iris http://www.lamevaweb.info/451

10:44 a. m.  
Blogger Aldebarán said...

Lo único que puedo decir es que me gustó enterarme de ese lado cariñoso que todas las personas llevamos dentro, y que las infantas nos sacan de manera tan especial.

Una ronda porZirbêth! Hurra!

5:41 p. m.  

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