sábado, noviembre 17, 2007

ESTA SEMANA...

Apenas he escrito. El tiempo pasa fulminante a mi lado. A veces tengo la sensación de ser arrastrada por él, otras de verlo pasar junto a mí sin ser participe de su viaje.

Esta semana ha sido un no parar. Cuando anoche, a las diez, llegué a casa, mi madre me dijo que tenía muy mala cara. La misma mala cara que había visto reflejada en la ventana del cercanías. "Tal vez debería maquillarme un poco", pensé entonces, "y arreglarme más, el pelo, la ropa...". Imáginaos el mal aspecto que tenía para que llegase a pensar algo así, jeje.

Pero, ¿qué he hecho esta semana? Me cuesta recordarlo. Primero, imagino, el cansancio se ha maximizado por el hecho de ser una semana de trabajo con sus cinco días completos, tras dos semanas de enfermedad, primero, vacaciones después y, finalmente, un día festivo. Una semana de cinco días de mucho trabajo, de quedar, de no ir a dormir a casa un día, llegar a las tantas dos.

El lunes apenas lo recuerdo. Dormí poco porque el finde sobé como una ceporra el sábado y el domingo. Aunque hay que decir que el jueves anterior salí de casa a eso de las siete y media, como cada día, y no volví a pisar Aranjuez hasta las nueve y media de la noche del viernes. La noche del jueves al viernes no tocó dormir, sino juerga juerguista, mucha charla y sólo dos horas o tres de sueño ligero. Así que el sábado, para compensar, dormí hasta la una y media, comí y las las cuatro ya estaba otra vez en los dulces brazos de Morfeo, quien gentilmente me acunó y susurró bellas historias durante cuatro horas. Casi estoy segura de que me acariciaba el pelo.

La cosa es que el lunes tenía exceso de sueño y dormí poco; que el martes llegué a casa a la una de la mañana y no me dormí hasta las dos; que el miércoles madrugué mucho para que me diese tiempo a ducharme y lavarme la cabeza y acabé viendo tele por la noche en vez de leer y me dormí pasadas las doce; que el jueves hubo mudanza en la oficina y, por la tarde noche, ayudé a unos amigos a vaciar el piso que se han comprado de todos los muebles y mierda que el antiguo dueño había dejado; que, después, nos fuimos a tomar algo, compramos comida china y acabé durmiéndome mientras jugaba la introducción de mi personaje a una partida de rol a eso de las dos de la mañana; que el viernes, tras una jornada de curro intensiva con avaricia, me dolían las rodillas de tantas horas sentada y el resto del cuerpo de la mudanza del día anterior, así que me fui dando un paseo hasta Atocha para volver en tren a casa pudiendo llevar las piernas bien estiradas. Eso sí, durante el paseo vi la gatita más preciosa que he visto en mucho tiempo: una belleza gris de raza azul ruso, con ojos como esmeraldas transparentes, más suave que ningún tejido que jamás hayáis tocado. No sería de extrañar que haya llenado de babas el libro Juego de Tronos, que fui releyendo, durante el trayecto a casa. Al llegar, ducha hirviendo y peli diver y desconocida de Ben Affleck. No sé a qué hora me dormí, pero aún leí un rato antes de la peli.

Mientras tanto, no he escrito casi esta semana. He estado leyendo mucho sobre Chávez, buscando diferentes fuentes de información a las habituales de la prensa española, tratando de hacerme una imagen más real de lo que este hombre está haciendo en Venezuela, para salir de las chorradas que en este país nuestro se convierten en noticia para despistar sobre lo que realmente ocurre. ¿Alguien sabe que tal fue la cumbre iberoamericana más allá de la anécdota del "¿por qué no te callas?"? Qué rentable han sido esos escasos minutos: no sólo han distraído nuestra atención de lo importante, sino que hasta están sacando pelas las compañías de móviles con la chorrada de la frase. ¡Viva el neoliberalismo!

Lo malo de la semana ha sido la tristeza. La que me embargó cuando vi en unos amigos míos eso que procuro no dar por sentado en nadie porque sea votante del PP: la repetición de consignas; la simplificación de ideas; la unficación de todos los que no son ellos en un único enemigo; la negación de la evidencia de una muerte violenta e injustificada con un a "saber qué hizo" justificador ignorando ciegamente el hecho de que el asesino llevaba un arma blanca y sus víctimas sólo palabras; la simplificación comparativa como argumento suficiente para condenar; no hablar, no dialogar de verdad. Pero lo que sobre todo me hizo entristecer fue ver como ellos esperaban que yo les juzgase por el simple hecho de votar al PP: que diera por sentado que serían agresivos, maleducados, etc. Me entristeció el ver como toda la propaganda y programación funciona hasta el extremo de hacerme sentir intimidada y de convertir durante un rato a mis amigos en gente desconocida. Sentí unas enormes ganas de llorar, y de irme.

Es curioso sobre todo ver como ellos esgrimían que yo me creía todo lo que me decían, que la propaganda del gobierno me había convencido. Que para ellos era evidente que yo estaba equivocada. Es curioso porque no me creo nada de lo que me dicen, por lo que siempre ando buscando fuentes de información alternativas y estoy dispuesta a escuchar a todo el mundo. Porque no soy del PSOE y trato de detectar y escapar a los medios de propaganda. Que yo no me creo en posesión de la verdad y sé que no sé lo suficiente y, por tanto, puedo estar equivocada. Pero ellos dieron por sentado que yo votaba al PSOE, que era comunista, que les juzagaba y pensaba que por ser del PP eran gilipollas. Como si ser de una tendencia política o pensar de un modo determinado fuese cuestión de fe.

Dieron por pensado que yo haría lo que ellos acabaron haciendo. Eso fue lo que más me entristeció.

En fin, una semana muy larga que ha pasado como una exhalación.

Zirbêth, con agujetas físicas y emocionales.

1 Comments:

Blogger El maldito pirata said...

Por desgracia hay temas que parecen dividir irremisiblemente al mundo: la política, el fútbol y si Rhaegar era un héroe romántico o un cantamañanas XDD

¿Tratas de ver las cosas desde distintos puntos de vista? Bien por ti. ¿Tienes amigos que no lo hacen? Bueno, no todo el mundo es capaz de ello. Pero no dejes que eso te entristezca, aunque piensen que la ciega eres tú. Sabes mejor que nadie quién eres y lo que piensas, y eso no te lo puede quitar ni un ejército clamando al unisono "¡no es cierto!".

Las personas vienen en pack, con sus pegas y sus virtudes, y es muy difícil separar las unas de las otras. No es tan raro sentirte a veces un extraño entre tus propios compañeros, son gajes de la vida social. Pero la próxima vez que veas tu reflejo en la ventana (aunque sea para ver si necesitas maquillaje XD), sonríe. Porque esa persona que está al otro lado tiene una sonrisa para ti siempre que lo necesites. Y a veces es condenadamente reconfortante.

Un abrazo, niña grande.

Janos

3:40 a. m.  

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