miércoles, septiembre 08, 2010

EL CAJÓN

Cuando Cameron y Chase, en no sé ya qué temporada de House, llevan como año y pico saliendo, tienen una crisis de pareja por la aparente falta de compromiso de ella y, si no recuerdo mal, superan el primer bache con un cajón. El que ella le habilita a él en el armario, en su casa. Es el acto simbólico por el que ella le viene a decir que sí, que va en serio.

Los susodichos, aún por libre.

En Eastwick, es el chico sin ombligo remasterizado y tuneado con barba de dos días para hacerle parecer mayor, a.k.a. Matt Dallas, quien le pide a una impresionante y demasiado mujer para él Rebecca Romijn que le deje un cajón porque quiere ser su novio y no sólo su amante. Los prejuicios propios y del pueblo pesan mucho pada Roxie, que le saca unos añitos, pero al final cede. Bendito cajón.

 
Matt, que se hace el loco y no nos enseña el ombligo.

La rubia les saca una cabeza o más a sus compañeras de reparto...

El cajón, pensaréis todos, es la clave. Todos y todas. Porque, aunque ahora mismo no me viene a la cabeza ningún ejemplo en el que sea la chica la que le ofrezca o pida un cajón al chico a modo de prueba de su capacidad de compromiso o para sugerir ir un paso más allá en la relación, lo cierto es que la herramienta cajón es de uso genérico indiscriminado. Como el cepillo de dientes, pero algo más sofisticado: donde el cajón es todo un planteamiento, el cepillo no pasa de tímido tanteo.

Todo esto, por supuesto, es en las series de TV. En la vida real, el cajón es poco fiable. Desde mi punto de vista. Y mi experiencia.

No sé como será con las mujeres, pero conozco pocos hombres que no se vayan dejando cosas tiradas por ahí, como camisetas, calcetines, etc., y menos mujeres aún que se sustraigan, no ya a la tentación, sino al más natural automatismo, de recoger eso que se encuentran tirado y hacerle un hueco en algún... cajón, sí, para que no se quede por ahí, en medio.

Que es un incordio, hombre. Que va una a limpiar y no hay manera si hay ropa tirada por cualquier parte. Y los zapatos, por favor, al bajo del armario, que seguro que huelen. Mira, ya se ha dejado el cargador de la DS por medio; o lo guardo o el gato lo morderá hasta hacerlo pulpa. Ya me ha vuelto a dejar la mesita de noche llena de libros, que no hay quien ponga el despertador ni nada, leñe. ¿Pero cuantos botes de líquido para las lentillas tiene este chico, por favor? Los pondré aquí, en este estante, con su cepillo de dientes, el desodorante, las maquinillas de afeitar...

Si estamos en las nubes esas de algodón de azucar, estas cosas hacen una ilusión... Sin embargo, no hay que confiarse. Todos esos trastos, prendas de ropa, libros que has ido guardando en el "cajón", que él tan alegremente ha aceptado, pueden no significar nada de nada en lo que a compromiso atañe.

¿Queréis estar seguras de que vuestro chico está dispuesto a quedarse?
Haceos esta sencilla pregunta: ¿Dónde tiene su ordenador?

Premio.

Zirbêth.

2 Comments:

Blogger Peloxo G said...

o su DS...

12:07 a. m.  
Blogger XeRvAnTeX said...

Notable

4:38 p. m.  

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